¿Qué es la remigración?
Quienes creemos en el humanismo de la solidaridad y en los principios democráticos debemos decirlo alto y claro: la remigración es incompatible con la democracia; la remigración es incompatible con los derechos humanos; la remigración es incompatible con una sociedad que aspire a ser justa, plural y libre.
Elie Ayurugali
6/19/20262 min read


La coherencia intelectual obliga a nombrarlo sin eufemismos: la remigración no habla de convivencia, habla de expulsión. No habla de integración, habla de purificación demográfica. No habla de seguridad, habla de señalar, dividir y despojar. Su objetivo es claro: normalizar lo inaceptable. La extrema derecha quiere que la idea de expulsar a tus vecinos, a tus compañeros de clase o a tus colegas de trabajo parezca una opción política más. Convertir la diversidad en un problema y la homogeneidad en una obligación. Y no podemos permitirlo.
Cuando un Estado empieza a decidir quién “merece” quedarse y quién debe irse, la democracia deja de ser democracia. Porque cuando la ciudadanía se vuelve condicional, nadie está a salvo. Porque cuando se abre la puerta a expulsar a unos, mañana podrán expulsar a otros.
Por eso debemos insistir: la remigración no es un debate técnico, es una línea roja democrática. Es el intento de redefinir quién cuenta como parte del “nosotros” y quién queda fuera. Y cada vez que esa frontera se desplaza, lo hace hacia menos derechos, menos igualdad y menos libertad.
Quienes creemos en el humanismo de la solidaridad y en los principios democráticos debemos decirlo alto y claro: la remigración es incompatible con la democracia; la remigración es incompatible con los derechos humanos; la remigración es incompatible con una sociedad que aspire a ser justa, plural y libre.
Defender la convivencia no es un eslogan: es una responsabilidad política. Y frente a quienes quieren dividirnos, expulsarnos o clasificarnos por origen, la respuesta es simple y firme: aquí cabemos quienes queremos estar, convivir y construir una sociedad del bienestar para todas y todos.
La llamada remigración no es un concepto técnico ni una propuesta inocente. Es el nuevo nombre que la extrema derecha europea da a un viejo proyecto: expulsar a quienes considera “no pertenecientes”, incluso si han nacido aquí, incluso si son ciudadanos europeos con todos sus derechos. Es un intento de revestir con lenguaje burocrático lo que en realidad constituye una política de exclusión masiva.
Nos dicen que es “administración”, “orden”, “gestión”. Pero no lo es. Es un ataque frontal a la igualdad y un intento de convertir la ciudadanía en un privilegio heredado, no en un derecho democrático. Es la puerta de entrada a una sociedad donde el origen pesa más que la participación, los derechos o la propia vida.
